Energía, bonos de carbono y vacas: las fronteras que abre la forestación

En los últimos años se generó electricidad a partir de los subproductos, se potenció la producción silvopastoril y surgió el valor agregado de los bonos de carbono

La superficie forestada en la Argentina alcanza 1,3 millones de hectáreas, con pino y eucaliptus como principales especies cultivadas. Se ubica principalmente en las provincias mesopotámicas (900.000 hectáreas), pero recientemente comenzó a ocupar otras regiones de la mano de nuevos avances en el manejo del cultivo forestal.

Biomasa para producir calor y energía

Una de las aplicaciones en desarrollo de la forestación es la producción de calor y electricidad a partir de los subproductos de la madera. Un aserradero recibe como materia prima los troncos, los corta y los convierte en tablas. Sin embargo, en ese proceso se generan subproductos como el aserrín, los recortes y la viruta que pueden representar hasta el 50% del material ingresado.

En los últimos años se comenzó a valorizar a esos subproductos que históricamente han sido demandados por las fábricas de aglomerados y de celulosa. Más recientemente se desarrolló la posibilidad de alimentar calderas y estufas con pellets densificados de aserrín en reemplazo del gas. Por ejemplo, en Italia ya son más de 2,2 millones de estufas y calderas que consumen este tipo de combustible proveniente de biomasa forestal.

Otro uso se orienta producir electricidad reemplazando al gasoil mediante el quemado de chips, aserrín, viruta y rollos finos de forestaciones. Ya hay emprendimientos activos de esta modalidad en Corrientes, Misiones, Córdoba, Salta y en otras provincias. Para el caso foresto industrial, se aprovecha todo el sobrante de los aserraderos locales, que de otra manera se quemaría sin ninguna utilidad. Estas plantas productoras de “energía verde” tienden a ubicarse cerca de los clústeres forestales cumpliendo con las premisas de la Economía Circular.

Bonos de carbono

Los bonos de carbono son mecanismos para compensar las emisiones de gases clasificados como perjudiciales para el ambiente o causantes del calentamiento global. Hay un mercado de estos bonos en el mundo, al cual se accede a partir de una certificación internacional.

Hay empresas que emiten dióxido de carbono al ambiente, y como contrapartida, compran bonos de carbono de otras empresas que lo fijan, como los emprendimientos forestales, para equilibrar esas emisiones. Un bono de carbono comprado representa que existe, en una parte del mundo, una acción concreta que fija una tonelada de dióxido de carbono.

Por ejemplo, una fábrica petroquímica que es netamente es emisora de estos gases al ambiente, puede compensar esa acción, hoy considerada negativa, comprando bonos de carbono de una empresa forestal que fija dióxido de carbono. Pero el procedimiento no es tan sencillo, ya que debe elegir un emprendimiento que se pueda certificar o que sea nuevo y signifique una fijación adicional a la existente. No es válido recurrir a un monte implantado de hace muchos años y certificarlo o que el monte se corte comercialmente a los pocos años de certificar.

De esta manera, la forestación contribuye a generar un equilibrio ambiental. No obstante, cabe aclarar que, en el debate internacional, se propone la reducción de emisiones y no “dar luz verde” a la contaminación a través de estos mecanismos. Lo cierto es que, en los últimos años, en la Argentina “explotó” la demanda de campos para desarrollar emprendimientos forestales generadores de bono de carbono, aún fuera de la región mesopotámica.

Todo este movimiento en torno de los bonos de carbono determinó que su cotización se catapultara de 20 a 60 dólares en las Bolsas. Las empresas agropecuarias pueden participar de este negocio que se orienta hacia la sustentabilidad y que puede figurar en el “Haber” de cada una. Así, el agro argentino, con siembra directa y forestación, puede ser un fijador importante de carbono.

Producción silvopastoril

Tradicionalmente, se asociaba la producción ganadera en combinación con la forestal con las provincias mesopotámicas. Sin embargo, en los últimos años la modalidad traspasó las fronteras de esa región y llegó a localidades donde nunca se había practicado, como Suipacha y Pila, en la provincia de Buenos Aires, con híbridos de eucaliptus resistentes a las heladas.

Sin embargo, la conquista de nuevas tierras no termina allí. El noreste bonaerense tiene gran potencial para emprendimientos forestales porque hay 100.000 hectáreas no aptas para la agricultura, con cercanía a los mercados. También hay oportunidad de realizar agricultura forestal en las orillas de arroyos y ríos, y en los suelos a anegables, que ocupan 1,5 millones de hectáreas en el territorio. Podrían ser aprovechadas con álamos y sauces, como buffer forestal hacia la agricultura que predomina alrededor de los cursos de agua.

Para finalizar corresponde indicar que, en la Argentina la actividad forestal está beneficiada por la ley 25.080 hasta el año 2029, que otorga aportes económicos por hectárea forestada, con pagos una vez verificada la implantación. También contempla beneficios fiscales, como la posibilidad de reducir el impuesto a las ganancias en la actividad.

POR: LA NACIÓN

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